Hace tres décadas el movimiento sindical abría titulares en la prensa colombiana, sus líderes no sólo opinaban sobre temas laborales y políticos, sino también sobre literatura y temas de actualidad; reconocidos y buscados por los medios como fuentes confiables, se publicaban y emitían sus discursos, protestas y huelgas; además los sindicalistas eran cercanos a los medios. Un ejemplo fue el paro nacional de 1977, siendo el punto álgido de la incidencia del sindicalismo en la opinión pública, la política nacional y los medios masivos.

Pero esta situación cambió radicalmente, la represión de la década del ochenta cuando se aniquiló lo que “oliera a comunismo” con el exterminio total de la UP; la arremetida legal desde la implementación de las reformas laborales en los noventa, acabando así paulatinamente con las convenciones colectivas, los acuerdos, los afiliados y los sindicatos; las masacres en la guerra sucia, donde los autores nunca fueron reconocidos; los homicidios selectivos los desplazamientos forzados, los secuestros, los exilios; fue una violencia sistemática contra el sindicalismo en el transcurso de las últimas tres décadas del siglo XX, que hizo que este movimiento se defendiera, desconfiara y se encerrara. De otro lado esta postura sindical llevó a los periodistas a sacarlos paulatinamente de los medios por el silencio en el que se sumió el sindicalismo, a desconfiar del movimiento de los trabajadores y a confiar más en las fuentes gubernamentales y empresariales. Otro punto de quiebre en el cual los medios perdieron el norte con la sociedad, fue la aparición de la guerra contra el narcotráfico y el cubrimiento vertiginoso que los medios hicieron de este fenómeno, dejando de lado e invisibilizando muchas de las propuestas de los movimientos sociales.

El resultado no pudo ser más devastador, hoy, cuando los sindicatos aparecen en alguna noticia, es porque se les relaciona con un conflicto laboral o social, siendo las fuentes gubernamentales y empresariales las que llevan la vocería. Y por parte de los líderes sindicales, en su ya arraigada desconfianza, sólo se acercan a los medios para denunciar sus problemas no solucionados con un discurso rígido y sin proyectos. La opinión sobre el país que quieren, las propuestas para solucionar las crisis, la vida misma del trabajador, están en silencio, no tienen voz.

La falta de presencia en los espacios masivos de comunicación ha sido una constante del sindicalismo en los últimos quince años, y sólo se aparecen en los medios cuando hay denuncias para hacer, o en medio de los conflictos —el momento crucial— y aunque en ocasiones se ha logrado producir algún resultado inmediato ante la opinión pública, son hechos que se olvidan rápidamente. Esta actitud deja la sensación de que el movimiento sindical colombiano le da poca prioridad a las comunicaciones y a su propia imagen hacia el afuera, que su propuesta política de construcción de país se queda en sus espacios cerrados y que no se les da la relevancia nacional que tienen.

Esta no es la única dificultad que vive el sindicalismo; existe otra situación que opaca las pocas oportunidades comunicativas que logran
para mostrar una imagen positiva ante la opinión pública, y es el apoyo que los medios le dan a los pronunciamientos contra el sindicalismo de algunos líderes gubernamentales y empresariales; los editoriales y los noticieros terminan enjuiciando a los sindicalistas como colaboradores de la izquierda armada, cuando no como oligarcas de overol, acabadores de empresas o trabajadores con privilegios.  El cubrimiento que hace la prensa del sindicalismo gira casi siempre alrededor de las huelgas y los paros, alimentando una imagen de hombres y mujeres conflictivos, problemáticos y agresivos.

Esta imagen alimenta una tradición pública antisindical, que al mismo tiempo se abre como una cortina de humo que impide que los mensajes emitidos desde los sindicatos se miren objetivamente.

Así pues, la falta de planificación de los sindicatos con las comunicaciones y la imagen negativa que emiten empresarios y gobierno a través de los medios, llevó a la ENS a propiciar un estudio acerca de la percepción que tienen algunos directores de medios masivos, y otros tantos periodistas, sobre las comunicaciones de los sindicalistas. También se ha indagado a los sindicalistas sobre la concepción que tienen de las comunicaciones y sobre sus relaciones con periodistas y medios. Son estas dos posturas las que se ofrecen en este estudio de Sol Astrid Giraldo.

Se incluyeron las conclusiones de dos encuentros entre periodistas y sindicatos, realizados en Medellín, en el 2003 y el otro en Bogotá en el 2004, que complementan este estudio; también se agregó la intervención del periodista y comunicador Alfredo Laserna Ruíz, quien conceptúa hábilmente sobre las limitantes que tiene el periodista en nuestro país; una mirada del periodista-trabajador que es bastante oportuna.

En este documento se pueden identificar claramente las fortalezas y falencias de las comunicaciones de los sindicatos. Puede ser posible plantear soluciones para potenciar una imagen positiva del sindicalismo e intentar mover este pesado engranaje de mentalidades prediseñadas en el país.

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