Cuando las parálisis laborales afectan sectores estructurales de las economías regionales, los medios de comunicación voltean sus miradas a estos hechos para atender las coyunturas.

Urabá o la presión de todos 

Entre el 8 y el 21 de mayo de 2009, la región bananera de Urabá enfrentó un conflicto laboral originado en la imposibilidad de las partes, representadas en Augura y Sintrainagro, para tener un pronto acuerdo sobre salarios.

Durante la negociación en el mes de abril, el conflicto y la firma del acuerdo, los dos periódicos locales dedicaron primeras páginas y amplios espacios informativos a la discusión. El Colombiano, además, dedicó un editorial, publicado el 19 de mayo. El Mundo no se ocupó editorialmente del tema, decisión atribuible a sus intereses específicos en el tema.

En el período de discusión y negociación, El Mundo publicó en sus páginas económicas cinco noticias. El Colombiano, por su parte, publicó otras doce, además del editorial referido. Teniendo en cuenta que la prehuelga se decidió el 20 de abril, que las fincas pararon el 8 de ese mes y que el regreso a labores fue votado el 20 de mayo, se tiene como promedio la publicación de una información por semana en los diarios regionales. Los periódicos nacionales también dieron amplio despliegue al tema: en El Tiempo fueron publicadas once noticias y en El Espectador aparecieron cuatro noticias.

La importancia que la prensa escrita dio al paro bananero contrasta con la ausencia del hecho y de sus protagonistas en los informes de los noticieros nacionales de televisión, carencia que se refiere a la poca importancia que los temas relacionados con la economía y los derechos de los ciudadanos tienen en el modelo de televisión de info-entretenimeinto creado en Colombia.

Si las informaciones y columnas editoriales sobre el primero de mayo permitieron evidenciar la pluralidad de perspectivas que los medios de comunicación pueden tener sobre los hechos de actualidad, el paro bananero hizo evidente una fuerte conciencia de los medios de comunicación por promover un enfoque único, centrado en la descalificación del conflicto laboral por sus implicaciones económicas y sociales y por sus riesgos para el orden público.

Fue así como los medios de comunicación se aferraron a los voceros de Augura y Sintrainagro y al Ministerio de Protección Social para divulgar informaciones sobre el avance de los diálogos y el impacto económico que el conflicto tenía en la región, dependiente de la producción de banano. La única voz que ofreció un panorama diferente en este proceso, fue El Tiempo, único diario que divulgó una denuncia de Sintrainagro sobre acciones de los empresarios para romper el paro, aunque la atenuó con la reiteración de informaciones sobre su costo económico.

Expresiones como la del Editorial de El Colombiano en el sentido de que “(el paro) socava gravemente la estabilidad social de una tierra duramente azotada por la violencia, el tráfico de drogas y de armas”, que se reitera en las distintas voces, se convierten en presión sobre las partes que impone que no se consideren las pretensiones de los trabajadores y las condiciones de su negociación.

En ese orden de ideas, contrastan las noticias al finalizar el paro: El Mundo, en forma escueta pero también concreta, la dedicó a explicar los acuerdos a favor de los trabajadores, mientras el periódico El Colombiano realizó un amplio informe para presentar la “alegría en la zona bananera” por un acuerdo con el que “ganan la región de Urabá, todos sus habitantes y Colombia entera, que recupera el impulso de una de sus industrias claves para el crecimiento económico del país”.

Se destaca también en ese informe una denuncia sobre el alcalde de Apartadó, Osvaldo Cuadrado, al que señala porque “alentó el ánimo de los huelguistas”, una declaración que careció de posterior seguimiento y sobre la que no se hizo pregunta alguna al alcalde.

Confusiones y desórdenes

Entre el 2 y el 6 de marzo, Bogotá se enfrentó a un paro de transportes convocado por los transportadores ante la entrada del sistema integrado en la ciudad. El hecho provocó la publicación de 44 informaciones en El Espectador, que dedicó dos editoriales al tema, y 33 en El Tiempo, que se ocupó del problema en un editorial. La televisión y la radio dedicaron sus espacios a seguir las incidencias de la negociación del alcalde con los transportadores, las dificultades de los ciudadanos para llegar a sus puestos de trabajo a raíz de la parálisis de la ciudad.

El movimiento propiciado por medianos transportadores, dueños de algunos vehículos de servicios públicos, y apoyado por algunos de los mayores responsables de la movilidad en la ciudad se formó en busca de lograr mayores beneficios para esos empresarios que rechazan el inicio de operaciones del Sistema Integrado de Transportes. Durante los cuatro días que la ciudad estuvo semi-paralizada por el movimiento y en medio de la abundante información sobre las incidencias de la movilización, sólo se publicó una noticia, en El Espectador, sobre el rechazo del Sindicato Nacional de Choferes a un movimiento que no los representó y sobre el que los trabajadores denunciaron que “está permeado por sectores empresariales fuertes”.

Luz María Tobón